Las palabras no cambian la postura. Cambian profundamente la experiencia que tenemos de ella.

Cuando pensamos en cómo enseñar Yin Yoga, solemos centrar nuestra atención en las posturas, las secuencias o la anatomía. Sin embargo, hay otro elemento que acompaña cada momento de una clase y que muchas veces pasa desapercibido: el lenguaje.

Las palabras con las que enseñamos también llegan al cuerpo y transforman profundamente la experiencia de quien practica.

El cuerpo escucha mucho antes de entender

¿Qué hace que una misma práctica se sienta completamente distinta con dos maestros diferentes?

A veces pensamos que la diferencia está en la secuencia, en las posturas o en los conocimientos de quien guía la clase.

Pero hay algo más. El lenguaje.

Las palabras no solo transmiten información. También crean contexto.

Antes incluso de comprender una indicación, el cuerpo ya está percibiendo cómo esa indicación está siendo ofrecida.

Percibe el ritmo.

Las pausas.

El tono de voz.

La intención.

Todo ello forma parte de la práctica.

En una clase de Yin Yoga no solo acompañamos cuerpos. Acompañamos personas.

Y cada persona llega con una historia distinta.

Con una relación diferente con su cuerpo.

Con una forma única de experimentar la quietud.

Por eso, el lenguaje nunca es un detalle menor.

El lenguaje también crea contexto

Cuando enseñamos solemos pensar que nuestra función consiste en explicar qué hacer.

Sin embargo, las palabras también construyen el espacio en el que esa experiencia ocurre.

La forma en que hablamos puede:

  • invitar a explorar;
  • despertar curiosidad;
  • ofrecer una mayor sensación de seguridad;
  • transmitir calma;
  • generar prisa o exigencia;
  • favorecer una escucha más atenta del cuerpo.

El lenguaje tiene el poder de transformar la manera en que percibimos la práctica y la experiencia que estamos viviendo en cada momento.

No significa que existan palabras correctas y palabras incorrectas.

Tampoco significa que debamos memorizar una nueva forma de hablar.

Lo importante es desarrollar sensibilidad hacia el efecto que nuestro lenguaje puede tener en quienes practican con nosotros.

La sensibilidad también se cultiva.

Y comienza prestando atención a nuestra propia forma de hablar.

Cómo enseñar Yin yoga sin intentar corregir al cuerpo

Durante mucho tiempo entendimos la enseñanza del yoga como el arte de corregir posturas.

Como si existiera una forma correcta de habitar cada asana y nuestro trabajo consistiera en acercar a todas las personas a ese modelo.

Hoy mi mirada es distinta.

No creo que nuestro papel sea corregir cuerpos.

Creo que nuestro papel es acompañar personas.

Por este motivo, no enseñamos lo que sabemos. Enseñamos lo que somos.

La forma en que miramos el cuerpo, la manera en que nos relacionamos con el silencio, el tipo de preguntas que hacemos y las palabras que elegimos reflejan mucho más que nuestros conocimientos.

Reflejan nuestra propia manera de habitar la práctica.

Por eso, enseñar nunca consiste únicamente en transmitir información.

También consiste en ofrecer una forma de estar presentes.

Cuando dejamos de pensar en corregir, comenzamos a hacer cosas diferentes.

Empezamos a:

  • observar antes de intervenir;
  • hacer mejores preguntas;
  • ofrecer opciones en lugar de imponer respuestas;
  • acompañar la experiencia en lugar de dirigirla;
  • confiar más en la capacidad de cada persona para escucharse.

La postura deja de ser un objetivo.

Se convierte en un lugar de encuentro con el cuerpo.

Y cuando cambia nuestra forma de mirar el cuerpo, también cambia nuestro lenguaje.

Una invitación para observar tu propio lenguaje

La próxima vez que enseñes una clase, no intentes cambiar nada.

Solo obsérvate.

Observa:

  • las palabras que utilizas con más frecuencia;
  • el ritmo con el que hablas;
  • los silencios que permites;
  • cuánto espacio dejas para que las personas descubran su propia experiencia.

No busques hacerlo perfecto.

Solo escucha.

Quizá descubras que muchas de tus palabras aparecen de forma automática.

Y quizá también descubras que pequeños cambios pueden transformar profundamente la experiencia de quienes practican contigo.

Porque una misma postura puede sentirse diferente en dos cuerpos.

Y una misma indicación también.

Para reflexionar

En tu próxima práctica, ya sea como estudiante o como maestro, dirige tu atención hacia una sola cosa.

El lenguaje.

Pregúntate:

  • ¿Mis palabras invitan a explorar o a conseguir algo?
  • ¿Estoy dejando espacio para que cada persona encuentre su propia experiencia?
  • ¿Qué efecto tiene mi manera de comunicarme en quienes practican conmigo?
  • ¿Mi lenguaje refleja la forma en que realmente quiero acompañar a otras personas?

A veces, las transformaciones más profundas empiezan con una observación muy sencilla.

Preguntas frecuentes

¿El lenguaje realmente puede cambiar la experiencia de una postura?

Sí. Aunque la postura sea exactamente la misma, el lenguaje forma parte del contexto en el que esa experiencia ocurre. El tono, el ritmo y la intención con la que enseñamos influyen en la manera en que cada persona vive la práctica.

¿Significa que no debemos ofrecer indicaciones?

Las indicaciones siguen siendo una parte importante de una clase. La diferencia está en la intención. Más que dirigir un cuerpo hacia una forma determinada, podemos acompañar a cada persona para que explore su propia experiencia.

¿Cómo puedo empezar a desarrollar un lenguaje más sensible?

Empieza por observar:

  • las palabras que más repites;
  • el tono con el que hablas;
  • el espacio que dejas para el silencio;
  • la intención con la que haces cada propuesta.

La observación siempre precede al cambio.

¿Este enfoque solo es útil en Yin Yoga?

No. Aunque en el Yin Yoga la quietud hace especialmente evidente el impacto del lenguaje, la forma en que nos comunicamos influye en cualquier práctica de movimiento y en cualquier espacio de acompañamiento.

Las posturas importan.

La anatomía también.

Pero la forma en que acompañamos a una persona mientras explora su cuerpo puede transformar profundamente su experiencia.

Las palabras del maestro también llegan al cuerpo. Y aprender a utilizarlas con mayor sensibilidad también forma parte del arte de enseñar.

Si quieres profundizar en esta manera de comprender el Yin Yoga, en la Formación de Yin Yoga y Medicina China Aplicada exploramos cómo la observación, el lenguaje, la fascia y el sistema nervioso transforman la forma en que acompañamos una práctica.

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